En recuerdo al fotógrafo y escritor Pedro Zarrabeitia

Con motivo de la feria del libro que este fin de semana se va a celebrar en Getxo, la librería elkar va a habilitar un pequeño espacio literario en recuerdo al conocido escritor y fotógrafo getxotarra Pedro Zarrabeitia, quien falleció a principios de abril de forma inesperada.

Conocido por su larga, fecunda e importante trayectoria en el mundo de la fotografía artística –tenía en su haber importantes premios y fue el primer fotógrafo que expuso en el Museo de Bellas Artes de Bilbao– era autor de varios libros de fotografía, el último Los puentes de la ría de Bilbao, publicado junto con Argiñe Areitio en 2016, bajo el sello de la editorial Sua.

Pedro compartía su pasión por la fotografía con la escritura, donde también su legado literario ha sido importante. Autor de las novelas El Ciego de Olabe y Los Matagatos, su última obra se tituló Lobos de nuestro escudo, y fue publicada en otoño de 2017 por la editorial Txertoa.

En su importante contribución al arte y a la cultura vasca hay que añadir su interés por las estelas discoidales vascas, interés que nació de su afición a la etnografía.  En 2011 publicó  el libro Estelas Discoidales de Euskal Herria, extenso trabajo divulgativo sobre dichos monumentos funerarios vascos, publicado en 2011 por la editorial Pamiela.

Entrevista a Pedro Zarrabeitia sobre su cuento “Lobos de nuestro escudo”

Pedro_zarrabeitiaPedro Zarrabeitia presenta el cuento atemporal Lobos de nuestro escudo (Txertoa), ambientada en el siglo XVII, una novela inclasificable, impregnada de un realismo mágico y un lirismo que hacen de su lectura un placer.

– ¿De dónde surge la inspiración para escribir Lobos de nuestro escudo?

El protagonista de la historia es un personaje histórico. Se le menciona en las crónicas de la Casa de Juntas de Avellaneda del siglo XVII como el cazador de lobos más importante de la región, bajo el nombre de Pericón de Miñaur. Al parecer, es antepasado de la rama materna de mi familia. La casa solariega Miñaur se mantiene en pie en uno de los lugares más boscosos de Okondo, en las Encartaciones. A partir de este hecho histórico se me ocurrió novelar su vida.

– ¿Por qué el titular Lobos de nuestro escudo? ¿De dónde procede?

Mi madre solía cantar en casa una canción sobre las gestas de nuestros mayores, seguramente aprendida en la escuela, a principios del s. XX, que decía: “Lobos de nuestro escudo aullarán a sus hazañas”… Hay lobos en el escudo de Bilbao, en el de Aiara y en el de Bizkaia, eliminados oficialmente en este último el año 1986, en mi opinión sin mucha razón, por interpretarse como correspondientes al linaje castellano López de Haro, señores de Bizkaia. (Irakurri +)

Primer capítulo de “Lobos de nuestro escudo” de Pedro Zarrabeitia

Lobos de nuestro escudoEn la Navarra pirenaica del siglo XVII no existía hombre alguno que desde los quince o dieciséis años, además de sus ocupaciones habituales, no fuera un experto cazador. La vida era dura en una región tan montañosa, y los oficios, escasos: leñador, carpintero, pastor, molinero, cantero, herrero y pocos más. No hace falta mencionar a clérigos y militares, tan abundantes en las grandes poblaciones como Zangoza o Pamplona, ya que ambos oficios estaban reñidos con el carácter de aquella gente, y difícilmente se podía ver por el valle de Aezkoa una sotana o un uniforme. La mayoría se ganaba la vida trabajando en el campo, cazando palomas, conejos y jabalíes y pasando contrabando por la frontera cercana.

Afortunadamente, los bosques de aquellas montañas eran inagotables, el agua abundante y la tierra fértil. Robles, hayas, abetos y encinas cubrían como un manto tupido el abrupto paisaje y abundaban los frutos silvestres y los animales más diversos. Sin embargo, pocos de aquellos cazadores se animaban a adentrarse por aquellas espesuras al caer la tarde, porque entre sus sombras se escondían las bestias más peligrosas y los genios más perversos. Se necesitaba ser un hombre especialmente fuerte y atrevido para ser cazador de osos y lobos, y, todavía más templado de espíritu, para enfrentarse con el Señor Rojo y sus enanos de largas barbas, el Jaungorri de las antiguas leyendas vascas al que los creyentes identificaban con Lucifer. No pasaba un año sin que una tragedia sacudiese el valle y sin que los rebaños de ovejas y vacas quedasen diezmados. Lobos y demonios se repartían la autoría en la mente del pueblo. (Irakurri +)