Raquel Diaz Reguera: “La base de todo es la libertad. Solo se puede amar siendo libre. Siendo dueño de tu identidad y de ti mismo”

¿Cuándo y por qué sentiste la necesidad de escribir un libro que habla sobre la violencia psicológica para los más peques?

Creo que los primeros años de aprendizaje social determinan a las personas que seremos. Los problemas de las relaciones sentimentales o afectivas románticas, aparecen normalmente en la pre adolescencia, cuando nos enamoramos perdidamente. Mientras antes aprendamos a distinguir lo que es el amor de lo que no lo es, mejor. Si eres capaz de identificar el maltrato de género desde su raíz, desde sus apariciones más sutiles, más fácil resultara no estar expuesto a este tipo de relaciones tóxicas que pueden terminar de manera fatal y que en cualquier caso, dejan un reguero de secuelas psicológicas que marcaran a sus víctimas para siempre.

Me parece que este libro es perfecto para hablar con nuestros hijos, alumnos del tema, aparte de leerlo juntos y de que nos pregunten las dudas que les vayan surgiendo. ¿Qué otras ideas nos sugieres?

El álbum ilustrado es una herramienta muy poderosa para poner a los más pequeños en la piel de otros. Si interpelas al lector directamente, hablando de un tema en concreto, puede que se ponga a la defensiva, que no le interese. Sin embargo si le muestras una historia en la que el protagonista es otro, la comunicación fluye, la niña o niño adopta su postura, y tú (como madre, padre, profe) puedes hacerte una idea de cuál es su opinión, su criterio respecto al tema, cosa que resulta muy interesante para actuar sobre determinadas conductas. A mí se me ocurren muchísimas alternativas de trabajo a partir de este cuento, tanto en el aula como en casa.

A lo largo del libro queda relatado el control que ejerce el ratón sobre la ratona, en una época en la que estamos expuestos a redes sociales y móviles, ¿cómo explicarías la importancia de no dejar leer tu móvil?

El hecho de que él le mire el móvil es una suma y sigue en la política de control que ejerce él sobre ella, una manera escalada de la necesidad de anulación de la víctima. Pero el problema de las redes sociales va mucho más allá. Las personas nos hemos creado una identidad paralela, un sim, que es el que se mueve en las redes, nuestro mejor perfil, ese en el que siempre somos felices, nos va maravillosamente bien y tenemos unas relaciones de amistad y de amor fantásticas. Nos enamoramos de personas que no existen, elevamos el amor romántico a la categoría de una colección de fotos de película. Vivimos con un filtro que oculta nuestras miserias, nuestros miedos, nuestra verdadera identidad. Y la realidad es que las chichas se siguen mostrando hiper sexualizadas, cosificadas y siguiendo los estereotipos del capitalismo feroz, eso sí, por voluntad propia y sintiéndose libres. Los adolescentes están expuestos a este bombardeo de mensajes publicitarios en los que mercadean con sus propias vidas. Eso por no hablar de los referentes, del amor romántico, de la fragilidad de lo femenino frente a lo masculino.

El tema de la violencia de género es algo de lo que no se habla mucho en las aulas ¿te gustaría que este libro abriera el camino hacía ello?

Creo que este tema debería ser tratado en las aulas, al igual que debería trabajarse el acoso escolar, el feminismo, el sexo. Todo aquello en lo que se impongan las relaciones de abuso de poder. Todavía te encuentras a demasiadas personas que creen que el feminismo en lo contrario que el machismo. Hay temas que parecen incómodos pero hay que tratarlos. Yo creo que la escuela es el lugar donde los niños y niñas aprenden a relacionarse y a crear sus jerarquías (a veces súper tóxicas) lejos de la protección de sus familias. Por eso considero que es importante que sea el espacio para hablar de estos temas, en el que la maestra es la única testigo, dar protagonismo a las opiniones de cada individuo, a sus problemas, a sus miedos, todo tratando de no ALECCIONAR.

¿Qué es lo que más te ha costado a la hora de escribir el libro?

Lo que más me ha costado es tratar de no sonar condescendiente, ni intentar solucionarlo con un final que reste importancia a la situación en la que está la víctima. Salir del maltrato es una tarea complicadísima por eso hay que dar herramientas para identificarlo desde el primer momento.

Una frase para pensar  es “que te quiero tanto ratona…No puedo vivir sin ti, dime que eres solo mía…” de ahí la fuerza del título “soy solo mía” ¿qué es lo que quieres recalcar con este título?

La base de todo es la libertad. Solo se puede amar siendo libre. Siendo dueño de tu identidad y de ti mismo. El maltratador no ama, posee. Necesita anular a su pareja, empequeñecerla, robarle todo aquello que le gustaba de ella, abusar del poder que ejerce sobre la víctima. La violencia de género empieza mucho antes que los golpes. Hay que poner líneas rojas y para ello es importante reivindicar “Soy solo mía”, ni tuya, ni de nadie.

¿Por qué la figura de dos ratones y no otro animal?

El libro, en la parte gráfica, no podría entenderse si sus protagonistas no fueran ratones, porque entra en juego la cadena, tan reconocida por los niños de ratón, gato, perro.

En este caso, el final es un final feliz, ¿cómo ayudarías a una persona que se encontrase en la situación?

Mi manera de ayudar, como autora e ilustradora, ha sido este libro. A nivel particular trato de educar a mi hija para que sepa distinguir lo que es amor de lo que no lo es en todas sus relaciones afectivas, con sus amigas, amigos, con su primer amor. Y a mi hijo, igual, con el mismo modelo de respeto y libertad.

Sara Mesa: “La familia es una metáfora de otras instituciones sociales mayores”

Sara Mesa, autora del libro “La familia” (Foto: Sonia Fraga)

¿Qué te ha llevado a querer explorar el mundo familiar de una manera tan directa?

Mi tendencia a escribir sobre comunidades cerradas y espacios claustrofóbicos. La definición de familia como comunidad natural que parte de lo biológico es muy simplificadora y excluyente. En realidad, está llena de constricciones artificiales, esto es, culturales, que me atraía explorar. (Irakurri +)