Primer capítulo de “Una tumba en Jerusalén” de José Javier Abasolo

MADRID, JULIO DE 1973

Lo primero, y prácticamente lo único, que siente el ujier de Presidencia del Gobierno que acaba de decirle al visitante que Su Excelencia le ruega que pase cuanto antes a su despacho, es alivio. No es que haya tenido mucho trato con él, a pesar de ser una visita frecuente, pero prefiere ignorarlo, no saber nada más de él. En realidad, no le ha hecho nunca ningún mal, incluso en las ocasiones en las que han coincidido, siempre se ha comportado con exquisita educación, pero algo le dice que cuanto menos sepa de él, cuanto menos trato tenga con él, mucho mejor. Además, ya le quedan pocos meses para su jubilación. Acaba de arreglar la casa de sus difuntos padres, en un pueblecito de Soria, y solo desea pasar allí sus últimos días, en paz y tranquilidad, alejado de la vorágine de la capital, y olvidarse de que una vez combatió, reclutado a la fuerza, en una guerra. Afortunadamente, lo hizo en el bando que resultó ganador y, gracias a ello, se labró una pequeña carrera como funcionario que le ha permitido, hasta ahora, vivir desahogadamente. Aunque hasta eso le gustaría olvidar. Ojalá hubiera sido un modesto mecánico en un taller de chapa y pintura o tornero en alguna fábrica. La gente piensa que estar cerca del poder es un chollo, pero cuando quien está cerca del poder es un humilde conserje, esa cercanía puede ser más un peligro que una bicoca.

De nada de eso se ha enterado el hombre que acaba de originar esos pensamientos por parte del ujier y, de haberlos conocido, tampoco le habrían importado en exceso. Como mucho, habría sonreído al percatarse de que, sin siquiera hacer ningún esfuerzo, seguía produciendo temor en quienes le conocían. Como hacía treinta años, como había ocurrido durante toda su vida. (Irakurri +)

“Una tumba en Jerusalén”, novela negra en un marco histórico especialmente sugerente

José Javier Abasolo vuelve a transitar en Una tumba en Jerusalén (Txertoa) por la senda del género negro, en el que el autor bilbaíno es toda una referencia. No obstante, en esta ocasión, enmarca la novela en un período histórico, desde la II Guerra Mundial a los últimos años del franquismo, que hace que la lectura de Una tumba en Jerusalén resulte especialmente sugerente.

Preséntenos la novela, por favor.

Durante la II Guerra Mundial, en el marco de un intento nazi por granjearse la colaboración del nacionalismo vasco, Claude Larrouy, un agente de los servicios de información del gobierno del lehendakari Aguirre en el exilio, se infiltra en la comisaría de Baiona. Desde su puesto, averigua la identidad de un grupo de oficiales de las SS que asesinan brutalmente a mujeres. Terminada la contienda, Larrouy solo tiene un objetivo: localizarlos y matarlos a todos. Y es lo que, en colaboración con el Mossad, ha hecho a lo largo de tres largas décadas. Ahora, en 1973, se encuentra en Madrid, dispuesto a acabar con el último de la lista. Pero no va a ser fácil, pues es la mano derecha en la sombra del delfín de Franco, el almirante Luis Carrero Blanco, que acaba de ser nombrado presidente del gobierno. (Irakurri +)

Una barra de hierro en la maquinaria

Cuando se habla de novela negra, que parece estar nuevamente de moda en estos días, es inevitable pensar en Dashiell Hammett, uno de sus creadores en la década de los 30 del siglo pasado. Autor de tan sólo cinco novelas y poco más de sesenta relatos Hammett inició, prácticamente sin pretenderlo, un género que a lo largo de casi un siglo ha demostrado su vitalidad adaptándose a las diferentes épocas y sociedades por las que ha transitado. Quizás porque se trata de un género que habla, al igual que la literatura en general, de todo aquello que mueve a los seres humanos, sus pasiones, su codicia, sus ansias de poder, de sexo, de dinero, sólo que llevadas al extremo de que alguien cree que merece la pena matar, o arriesgarse a morir, para conseguirlas.

Hammett lo sabía perfectamente, de ahí la maestría y contundencia de sus novelas y relatos. Y no porque fuera un diletante de las letras, sino porque había transitado por aquellos aspectos más sórdidos de la sociedad que se atrevió a describir. Y es que aunque sus detectives fueran personajes de ficción, unos sólidos y bien construidos personajes de ficción, él lo fue en la realidad, en la que trabajó para la más famosa agencia de detectives norteamericana, la Pinkerton. Y no sólo combatiendo a endurecidos criminales sino, sobre todo, persiguiendo a sindicalistas y rompiendo huelgas. De ahí en gran parte su hastío profesional y su decisión de plasmar literariamente lo que había vivido. (Irakurri +)

Tertulia literaria: El reino que pudo ser y no fue, desde nuestra literatura

Los escritores José Javier Abasolo y Aingeru Epaltza serán los protagonistas de la tertulia literaria que ha organizado elkar aretoa en Iruñea (calle Comedias), el jueves, a las 18:30. Charlarán sobre Navarra, sobre el reino que no fue y que pudo llegar a ser, desde un punto de vista literario, mezclando ficción histórica y la historia como ficción. La tertulia estará dirigida por el escritor navarro Angel Erro

Ambos escritores abordan el mismo momento histórico pero desde perspectivas muy diferentes.  En la trilogía El Reino y la Fe, Aingeru Epaltza novela los últimos coletazos del reino Navarro, provocado, entre otras cosas, por el rechazo que el protestantismo de los Albret surte en el pueblo. En Una decisión peligrosa, Abasolo recrea todo lo contrario; un reino de Navarra que sobrevive gracias, precisamente, al protestantismo.

Jose Javier AbasoloAingeru Epaltza

 

 

 

 

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Entrevista a Jose Javier Abasolo sobre “Una decisión peligrosa”

Una decisión peligrosaJose Javier AbasoloUna decisión peligrosa (Ttarttalo) puede considerarse como una ucronía; sin embargo, José Javier Abasolo, como autor, es conocido por su trayectoria en el género negro, en el que lleva ya doce novelas publicadas, algunas de ellas galardonadas con importantes premios y traducidas a idiomas como el francés, italiano y ucraniano. Es así mismo un invitado asiduo a los más importantes festivales de novela negra que se celebran en España.

¿Ha cambiado de registro con esta obra?

En realidad sigue siendo una novela negra, sólo que dentro de la realidad alternativa que aparece como fondo. Aunque también es cierto que es una novela negra que únicamente tiene sentido dentro de esa realidad. Podría decirse que la ucronía es el escenario, sólo que un escenario muy importante porque es lo que da consistencia a la historia que se narra en la propia novela.

¿Cómo definiría usted la ucronía como género literario?

Es una historia de ficción que se basa en la idea de que en un momento dado la historia, o nuestra propia vida, podría haber ido por otros derroteros. Es algo que todos nos planteamos muchas veces en nuestra existencia cotidiana: ¿qué habría pasado si no hubiera ido a esa fiesta en la que conocí a mi mujer? ¿O si mis padres me hubieran matriculado en un colegio diferente y, por tanto, no hubiese conocido a mis actuales amigos? Lo mismo podríamos decir de las naciones, ¿qué habría ocurrido si las tres carabelas comandadas por Colón hubieran naufragado antes de llegar a tierra americana? ¿Cómo sería hoy el mundo si eso hubiese ocurrido? La verdad es que elucubrar y escribir sobre ello es, intelectual y narrativamente, un ejercicio literario tan apasionante como estimulante.

Mezclar una ucronía, que es un ejercicio de fantasía, con algo tan realista como suele predicarse de la novela negra, ¿no parece algo contradictorio?

No tal y como yo entiendo las ucronías o, al menos, el tipo de ucronía con el que más me identifico, que es la que puede considerarse verosímil. A mí, por ejemplo, no me interesan (aunque respeto, por supuesto, al que le guste) las historias que no son racionalmente posibles o verosímiles. Proponer, por ejemplo, que el Imperio Romano, después de 2000 años, hubiera llegado incólume a nuestros días no es verosímil, no tiene sentido, chirría y va en contra del sentido común. Pero no es descabellado imaginar que Hitler podía haber hecho caso a algunos de sus generales más lúcidos y no invadir Rusia, manteniéndose de ese modo el pacto con Stalin. No ocurrió, pero podría haber ocurrido perfectamente, y en ese caso la historia no hubiese sido la misma, ni nosotros tampoco, seguramente. Ese tipo de ucronía, verosímil y que presenta una historia alternativa que podría haber sido factible, encaja perfectamente con el realismo propio de la novela negra. (Irakurri +)

Jose Javier Abasolo: “Decidí jugar con qué hubiera ocurrido con una Navarra independiente y mayoritariamente protestante”

Una decisión peligrosaJose Javier AbasoloEl conocido autor de novela negra, ganador de varios premios literarios, presenta en noviembre una novela negra basada en una ucronía: el Reino de Navarra duda sobre si intervenir o no en la Segunda Guerra Mundial.

Una decisión peligrosa parte de una ucronía. Antes que nada, ¿qué significa ucronía?

La ucronía es una narración en la que se parte de la base de que, en un momento dado, la historia pudo haber transcurrido de un modo diferente a como de hecho ocurrió. Juega con eso que todos hemos pensado en alguna ocasión sobre “¿cómo hubieran sido las cosas si…?”. Los ejemplos más típicos suelen ser los de una Alemania nazi que hubiese triunfado en la II Guerra Mundial o una América del Norte en la que los Estados Confederados hubiesen salido victoriosos de su Guerra de Secesión, pero puede haber muchos más. Es en ese escenario inexistente, pero verosímil porque podría haber sido posible, donde se sitúa la historia y lo que le otorga carácter de ucronía.

¿Y cuál es la ucronía en la que se basa esta novela?

Que el Reino de Navarra, que englobaría a todos los territorios vascos que en alguna ocasión fueron parte de dicho Reino, se mantiene independiente en la época de la II Guerra Mundial y su religión mayoritaria es la protestante.

Imaginar qué hubiera podido ocurrir si la historia hubiera discurrido de otra forma es un ejercicio apasionante. ¿Cómo surge la idea de Una decisión peligrosa?

De que, curiosamente, en un país como el nuestro, al que siempre se ha identificado con el catolicismo, la primera traducción de la Biblia al euskera la hizo un pastor protestante, Joanes Leizarraga, a iniciativa de una reina navarra también de esa religión, Juana III de Albret, que pretendía impulsarla en sus dominios. Me pareció una historia muy interesante y decidí jugar con qué habría podido ocurrir si esos propósitos hubiesen triunfado. (Irakurri +)