Primer capítulo de la novela “Y Julia retó a los Dioses” de Santiago Posteguillo

PRIMERA ASAMBLEA DE LOS DIOSES
SOBRE EL CASO DE LA AUGUSTA JULIA DOMNA

—Julia es el origen de todos los males. Julia significará el fin de Roma.

Vesta hablaba con vehemencia. Era la líder que había promovido aquel cónclave en el Olimpo.

Júpiter escuchaba con cierto aire de fastidio. Temía una nueva división entre los dioses, como ya ocurriera durante la guerra de Troya o la mortífera persecución de Ulises por Neptuno.

Y aquellos enfrentamientos resultaron tan agotadores…

Júpiter había dejado en el suelo el orbe que solía sostener en la mano derecha y se entretenía en acariciar el cuello de la gran águila que estaba a sus pies. Mantenía el cetro en la mano izquierda para no perder su presencia majestuosa y de poder absoluto ante el resto de las deidades congregadas aquella mañana.

Intentaba encontrar un justo punto medio entre indiferencia y porte magno durante la larga soflama de Vesta contra la emperatriz madre del Imperio romano. (Irakurri +)