Víctor del Árbol “Hay intención de reivindicar el papel fundamental de la decencia”
Con Las buenas intenciones (Destino, 2026) Víctor del Árbol cierra una trilogía y da por finalizados cinco años dedicados a un universo literario que reivindica los grises y los claroscuros en un mundo de creencias polarizadas. Se trata de un libro con varias capas en el que conviven los atributos esenciales de la novela y el ritmo sobrecogedor que se espera de un buen thriller. Personajes complejos, tramas superpuestas y un contexto cambiante que provocan cuestionamiento y reflexión.
- ¿Qué se va a encontrar el lector o la lectora que se adentre en las páginas de Las buenas intenciones?
La compleja historia de amor entre el sicario sin nombre y la periodista Clara Fité y el inevitable final de unas vidas que conocemos desde Nadie en esta tierra. Vamos a encontrar una trama relacionada con el escándalo del Banco Vaticano en 1982 y con la desaparición de dos niños en 1992. Hay criptomonedas, blanqueo de capitales, corrupción urbanística y una redención imposible para estos personajes marcados por sus pasados y una culpa común.
- ¿Recomienda leer los libros anteriores de la saga o se puede leer de manera independiente?
Se pueden leer independientemente. Hay referencias suficientes para no perderse. Es interesante descubrir a estos personajes desde el final e ir remontando luego hacia El tiempo de las fieras” y Nadie en esta tierra.
- Lo que ha creado es un thriller que se vertebra sobre las estructuras más robustas de la novela. Es profundo, es poliédrico, tiene mucho contenido. ¿Tenía claro desde el principio que quería escribir algo así?
Quería trazar un arco narrativo de unos cinco años en la vida de estos personajes y ver cómo han ido cambiando en función de lo que les ha ido sucediendo. El resultado es que todos ellos han sembrado de buenas intenciones el infierno, que el bien y el mal se difuminan y que las preferencias del lector respecto al principio han cambiado.
- También contiene psicología y un velo político que deja a la intemperie a la industria inmobiliaria y la iglesia. ¿Hay intención de denuncia?
Hay intención de reivindicar el papel fundamental de la decencia y de la ética y de aquellos que la defienden incluso arriesgando su propia vida y de la exigencia que tenemos como sociedad de no dejarlos solos.
- Ha afirmado en alguna entrevista que el sicario es uno de los personajes “más desafiantes” que ha creado. ¿Es difícil despedirse de un personaje con tanta fuerza? Si se ha despedido realmente.
El sicario tiene tantas capas y matices que se ha convertido en un personaje con el que he podido compenetrarme a niveles muy profundos y desconcertantes. Decirle adiós es dejar un hueco en mi universo creativo casi tan grande como el que sentí al despedir a Elías Gil en Un millón de gotas. Y sí, es un adiós definitivo.
- Si no me equivoco, ha dedicado cerca de cinco años a escribir la trilogía, ¿cómo se sale de un universo tan intenso y particular? ¿Lo va a echar de menos?
He aprendido mucho sobre ritmo, estructura, elementos novelísticos que hacen la lectura más ágil y equilibrada, sin perder mi intensidad característica y la profundidad de los personajes. Ha sido toda una experiencia y desde luego que añoraré a Soria, Virginia, Vesna, Julián y compañía, pero era el momento de despedirnos.
- ¿Tiene algo entre manos?
Me alejo un poco del género y entro en un territorio algo distinto. Solo te diré que todo gira en torno a un tema: las tierras raras.




