Javier Lerín. “El círculo de ceniza”

el circulo de ceniza - Javier Lerin

“Lo primero en lo que pienso a la hora de ponerme delante del teclado es en divertirme”

El círculo de ceniza ha llegado a las librerías con la intención, o el deseo, de ser devorado por quien se anime a leer sus páginas. Es la segunda novela de Javier Lerín, un escritor adicto a los thrillers. Y a las buenas historias. El punto de partida que ha elegido para esta es un incendio en la localidad navarra de Zizur. A partir de ahí logra vertebrar un relato embaucador y con ritmo trepidante en el que conviven saltos en el tiempo, giros imprevisibles e hilos argumentales tejidos con el acierto de quien sabe lo que hace, y disfruta haciéndolo.

Es ingeniero en ciberseguridad y escribe thrillers. ¿Cómo convive con ambas actividades? ¿Diría que la una influencia a la otra, que se complementan? ¿O las mantiene alejadas, sin que se toquen?

Las mantengo totalmente separadas, como una doble vida. Es algo parecido a lo que hace Spiderman cuando se pone su traje naranja. Por el día trabajo como ingeniero de ciberseguridad en una empresa y, por la noche, me visto de escritor para sumergirme en la escena que estoy creando en ese momento. Del trabajo de oficina desconecto enseguida, en cuanto cierro el ordenador. Pero de la novela que estoy escribiendo no lo hago nunca. Para mí es muy habitual estar haciendo otras cosas como tomando algo con amigos, viendo una película o paseando con mi perro y que, de repente y sin venir a cuento, se me ocurra un giro para darle la vuelta a la historia que estoy escribiendo.

Y también toca en una banda de punk rock…

Sí, empezamos siendo unos críos y todavía seguimos haciendo ruido. Componer las canciones del grupo durante estos veinte años me ha servido de mucho a la hora de lanzarme a ser escritor. Primero, porque gracias a ello me di cuenta muy pronto de que lo que me apasionaba en la vida era contar historias que pudieran llegar a la gente. Y, después, también he aprendido recursos que he podido trasladar a mis libros. Hacer canciones no es tan diferente de escribir una novela.

¿Por qué thrillers? ¿Cree que podría escribir otro género?

Aunque me encanta leer cualquier tipo de género, todos los meses cae un buen thriller. Como lector, es lo que más disfruto. Creo que sería capaz de escribir otro género y no descarto hacerlo en un futuro lejano. Pero me encanta esa manera de atraparte que tiene el suspense. Como escritor, lo primero en lo que pienso a la hora de ponerme delante del teclado es en divertirme. Para mí no tendría sentido dedicarle un año a una novela que me aburre. Además, creo que eso, para bien o para mal, se termina trasladando a las páginas. Me lo paso fenomenal retorciendo la historia, desordenando las piezas, buscando el giro impredecible o la vuelta de tuerca que haga que la trama cobre otro significado. En ‘El círculo de ceniza’ he intentado que el ritmo sea frenético desde el principio, que el lector no pueda evitar pasar las páginas y leer un capítulo más para averiguar qué está sucediendo con los protagonistas.

En una entrevista, haciendo referencia a su primera novela, declaró que usted es un escritor brújula, que va construyendo a partir de una idea vaga, sin tener una hoja de ruta exhaustiva de la novela. ¿También ha creado así El círculo de ceniza?

En este caso no ha sido tan improvisado como en la primera novela donde me enfrentaba a una hoja en blanco en cada capítulo. Esta vez ha consistido más bien en una mezcla de ambas maneras de trabajar. Desarrollé la mayoría de los personajes antes de sentarme a escribir la historia. Pero es verdad que cuando me puse a teclear, lo único que tenía claro era el primer capítulo. Una vez que empecé, fui escribiendo cada capítulo en orden y, mientras lo hacía, se me iban ocurriendo los dos o tres siguientes. Es una forma divertida de crear porque yo soy el primero que se sorprende con la historia y, por lo tanto, también me sirve de termómetro para medir si la novela tiene los ingredientes necesarios para tocar donde tiene que tocar al lector.

Vuelve con una historia, que al igual que el anterior libro, está tejida con saltos en el tiempo. ¿Qué le atrae de este tipo de estructura?

Es un elemento muy interesante para jugar con la dosificación de la información que le doy al lector. No es lo mismo darle las piezas del puzle en orden cronológico, que soltarlas en el momento exacto. La intención es crear el mayor suspense posible y los ganchos necesarios para hacer que no pueda soltar la novela.

¿Dónde encontró la inspiración para escribir esta historia? ¿Cuál fue la chispa que encendió la llama?

La chispa, nunca mejor dicho, fue la escena del incendio del primer capítulo. Tras apagar el fuego en un chalet de Zizur, Martín Salaberri, un bombero de Pamplona, encuentra los cadáveres calcinados de una familia dispuestos en círculo en el salón. De casualidad, toca con la bota un recipiente de cerámica, un material que resiste altas temperaturas. Lo recoge y, al observarlo, en el interior halla un nombre grabado: Jon. Esto le hace recordar un incendio en el que trabajó hace dos años y que llegó a obsesionarle, el del nadador olímpico Imanol Otazu, que fue quemado vivo en su propia casa por Jon Egüés, al que todos daban por muerto. Me pareció un arranque potente para una novela y muy interesante esa idea del bombero que se cruza en la vida de un asesino del pasado que vuelve a reaparecer a través de su firma en nuevos incendios.

¿Qué le diría a la persona que está a punto de abrir la primera página de la novela?

Lo primero, le daría las gracias por elegirme entre la inmensa cantidad de novedades que se publican cada mes. Eso ya es un premio para mí. Después, le diría que se reserve un hueco largo para leer porque, cuando empiece, no podrá parar.

¿Cuál es su principal motivación? ¿Para qué, para quién escribe? 

Mi motivación es tratar de escribir el libro que me gustaría leer. Parece sencillo, pero no lo es. El resultado siempre es una aproximación a la idea a la que pretendo llegar. Trato de mejorar en cada novela y aprender de mis autores favoritos y de mis propios errores para poder conseguirlo algún día.

¿Y dónde ha encontrado la mayor satisfacción? ¿Cuál es el premio de la escritura?

Cada paso que estoy logrando era un sueño de mi adolescencia. Poder escribir una novela y que la publique una editorial como Suma/Penguin es algo que, aunque como digo soñaba, veía muy lejos o casi imposible. Y desde que vio la luz la primera novela, cada vez que un lector me envía un mensaje para decirme que le ha encantado mi libro es como un premio para mí que se traduce en gasolina para seguir escribiendo.

Y es que, ha dicho en alguna ocasión que se lo pasa bien escribiendo. ¿Podría escribir si no disfrutara haciéndolo? ¿Por encargo, por ejemplo?

Por poder, seguro que sí. Pero el resultado sería peor. Y, por supuesto, el proceso dejaría de ser algo pasional para convertirse en un encargo meramente lucrativo. No se diferenciaría mucho del trabajo de oficina que tengo o tiene cualquier persona. Se convertiría en algo tedioso y dejaría de tener magia.

¿Tiene algo entre manos?

Sí. En cuanto entrego una novela me pongo con la siguiente. Estoy dándole forma a una nueva historia que no tendrá nada que ver con El círculo de ceniza en cuanto a trama y personajes, pero también será un thriller ambientado en Navarra. De momento no puedo contar más, pero estoy muy ilusionado con la forma que está tomando. Espero que volvamos a encontrarnos cuando se publique.

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