Aquellos años de gatillo fácil

VITORIA, 3 DE MARZO DE 1976 IN MEMORIAM 

Juan Ibarrondo tenía trece años aquel crudo invierno de 1976, el primero desde la muerte del dictador Francisco Franco. Demasiado joven para que le dejaran participar en aquellas manifestaciones tan virulentamente reprimidas, las observaba con pasión desde la ventana de su casa, en pleno centro vitoriano. Los recuerdos y vivencias que guarda de la época los ha introducido en la “coctelera creadora” de Recuerdos de marzo. “Ahí dentro está parte de mi familia más directa, incluido yo”.

Recuerdos de marzo es una novela coral ambientada en aquella Vitoria que anhelaba un cambio político que no llegaba, mientras el Régimen continuaba gobernando con mano de hierro y los trabajadores luchaban por mejorar sus condiciones laborales. El resultado de todo ello ya es historia: cinco obreros fueron asesinados por la Policía mientras celebraban una asamblea en la iglesia de San Francisco.

Su escritura, según señala el escritor gasteiztarra, “ha supuesto saldar una deuda con mi pasado, cuando asistí con ojos de niño a aquellos hechos. Y también, aunque sea modestamente, contribuir a la lucha contra el olvido y la impunidad que se ha querido establecer desde el poder a través de un relato oficial sobre la llamada transición democrática, que contiene numerosas zonas oscuras. Esta novela trata de aportar, desde la literatura y con una mirada muy personal, algo de luz sobre lo que ocurrió”. 

La novela ha surgido a partir del guión de una película, Vitoria, 3 de Marzo, que se estrenará esta primavera, con Juan Ibarrondo de coguionista. Partiendo de la pregunta de qué fue de aquellos personas y aquel tiempo, el autor gasteiztarra conjuga en la novela realidad y ficción, al tiempo que hace una somera radiografía de la sociedad vitoriana de la época: las cuitas generacionales de una familia de clase media, el “espíritu” de las luchas obreras, así como las desavenencias que la propia lucha suscitaba entre los líderes obreros, o las nuevas reivindicaciones que incorporaron las mujeres, como el derecho a los anticonceptivos o a las guarderías. 

También se refleja la división que hubo dentro del Régimen y del empresariado alavés crecido a su sombra entre quienes abogaban por ceder algo para que todo continuara igual y los partidarios del escarmiento.

Más allá de aquellos trágicos hechos históricos, la novela acompaña a sus protagonistas principales hasta el presente reciente, concretamente hasta la Vitoria-Gasteiz de 2006, con la historia de Euskal Herria como telón de fondo. Ibarrondo reconoce que, detrás de ello, subyace la intención de realizar una especie de relectura de estos años. “Esta novela no hace una lectura exhaustiva de los hechos ocurridos sino que aporta algunas pinceladas literarias sobre los treinta años posteriores al 3 de marzo de 1976. Los personajes evolucionan de manera muy diversa, como pasa en la realidad, así que se recrea una cierta panorámica social, que no trata de ser objetiva, pero sí de reflejar la pluralidad de la sociedad vasca”.

Junto a personajes ficticios basados en personas reales que participaron en las luchas, aparecen nombres reales como Manuel Fraga, entonces ministro de Gobernación, o Rodolfo Martín Villa, ministro de Industria. “Los victimarios aparecen con nombres y apellidos. Esa es una decisión consciente, política podríamos decir; estas personas nunca reconocieron el daño causado y han quedado impunes ante la justicia, por lo que me parecía importante, en un acto de justicia poética, que aparecieran en la novela”.

Recuerdos de marzo se trata de un thriller político en el que se conjugan dos tramas que avanzan hacia un clímax trágico y con un trasfondo socio-político indudable. 

La lectura de la novela remite, además, a una época bautizada como Los años del gatillo fácil, por la cantidad de muertos policiales que hubo en manifestaciones y controles. Los días posteriores a la tragedia de Vitoria, en las movilizaciones de protesta celebradas, hubo fallecidos en Basauri, Tarragona… Y también fueron asesinados por aquellos años Gladys del Estal en Tudela, Germán Rodríguez en Iruñea… “Desde determinadas instancias se ha querido imponer un relato, según el cual, en Euskal Herria sólo existió la violencia de ETA, o, como mucho, contados abusos policiales sin relevancia histórica. Discrepo de ese relato. Creo que la historia es interpretable pero no puede ser retorcida o torturada (que etimológicamente significa eso, torcer la voluntad de la víctima) para que confiese lo que uno desea. Negar la relevancia de la violencia del Estado es, en mi opinión, hacer precisamente eso, retorcer los hechos, pues es evidente que en estos años han existido violencias múltiples que en algunos casos se retroalimentaban”. 

En este sentido, Recuerdos de marzo trata de aportar, señala Ibarrondo, otro punto de vista frente al relato único, oficial, que se trata de imponer. “Creo que fue el ministro Fernando Grande-Marlasca quien dijo en las cortes que sólo existía la verdad judicial. Pero si aceptamos esta idea, en el caso de la masacre del 3 de marzo deberíamos asumir que los trabajadores atacaron a la Policía, que no tuvo más remedio que defenderse, pues esta es la verdad judicial a día de hoy”. 

La literatura como forma de dar a conocer la historia o la historia como germen para la literatura; esta novela bebe de ambas. Por ello mismo, consciente de que los hechos novelados son muy recientes en el tiempo, el autor pide comprensión “a quienes vivieron aquellos acontecimientos; no se trata de un relato histórico ni sociológico sobre lo ocurrido, sino de una historia de ficción que tiene mucho de desahogo personal. Pero, sobre todo, es a la gente joven a quien me gustaría llegar, puesto que soy consciente de que muchos desconocen lo que pasó. Yo he aprendido mucho sobre historia leyendo literatura, tal vez otras personas puedan hacerlo también en este caso”.

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