Iñigo Bolinaga – La alternativa Garat

 “La propuesta de estado vasco de Garat contine todos los ingredientes del liberalismo y el nacionalismo modernos”

 

Iñigo Bolinaga sorprendió en 2011 con El testamento, un “ensayo disfrazado de novela” en el que, con el rigor del uno y la amenidad de la otra, explicaba cómo zanjó Castilla la cuestión sobre la legitimidad de la conquista de Navarra. El historiador elorriarra vuelve ahora a las librerías con La alternativa Garat, obra centrada en el proyecto que barajó Napoleón de crear un estado que reuniese los territorios vascos situados tanto al norte como al sur del Bidasoa. Aquel proyecto, de nombre Nueva Fenicia, fue impulsado por el laburdino Joseph Garat, y, si bien a menudo suele citarse como una curiosidad e incluso como una extravagancia histórica, estuvo perfectamente incardinado en las coordenadas políticas del momento. Bolinaga, sirviéndose de la misma técnica mixta que utilizó en El testamento, ofrece con tanto rigor como amenidad, quizá por primera vez para un público amplio, todas las claves de aquel proyecto, en el que ineludiblemente se planteron cuestiones que, a pesar de los doscientos años transcurridos, siguen estando de actualidad.

¿Quién fue Joseph Garat?

Un abogado vasco que participó muy activamente en los acontecimientos que marcaron una de las etapas más asombrosas de la Historia: la Revolución francesa y el Imperio. Junto a su hermano Dominique, fue representante del Biltzar de Laburdi en los Estados Generales de 1789, ostentando varios cargos legislativos, ministeriales y diplomáticos durante el periodo revolucionario. Después, fue senador con Napoleón.  

¿En qué consistió su proyecto de Nueva Fenicia?

Garat buscaba la unión de los territorios vascos de ambas vertientes en una única entidad política capaz de garantizar la pervivencia y el desarrollo de la cultura y lengua vascas frente a la oleada uniformizadora que había levantado la Revolución, y creyó que el Imperio napoleónico era la gran oportunidad histórica para llevar a cabo este anhelo.

¿Por qué eligió un nombre que hoy nos resulta tan extraño?

Porque, según sus lecturas eruditas y sus propias investigaciones, creía que los vascos descendemos directamete de los fenicios.

¿El proyectó llegó a trascender a la población? ¿Era puro voluntarismo o respondía, al menos, a algunos hechos que se estuvieran produciendo en Europa o en el propio País Vasco?

No hay constancia de que el conocimiento de este proyecto se hubiera extendido más allá de las altas esferas políticas e intelectuales, pero es evidente que responde a las coordenadas de su tiempo, tanto en Europa como en el País Vasco. Aquí, los acontecimientos políticos europeos revitalizaron un sentimiento identitario secular, cuyo eje eran los fueros. Sobre este sentimiento, Garat hizo una propuesta moderna, pues, en consonancia con los postulados de la Revolución, planteó algo parecido a un estado vasco unificado, un crisol en el que se fundiese o al menos diluyese la identidad particular de cada una de las provincias. Se trata de una visión inédita, basada, ya digo, en la filosofía de la Revolución, que se aparta completamente de los planteamientos que pudieron tener un Larramendi o un Arana, mucho más apegados a la tradicional identidad provincial. Por otro lado, la política de fundación de Repúblicas Hermanas emprendida por los gobiernos revolucionarios fue continuada por Napoleón, que organizó una galaxia de nuevos estados adscritos de diferentes formas al Imperio. Esa política favorecía la posibilidad de hacer realidad el proyecto de Nueva Fenicia.

¿Qué acogida tuvo el proyecto por parte de Napoleón?

Al emperador le interesó y encargó a Garat un informe en el que profundizara en la cuestión. Aunque no llegó a aplicar el proyecto en sus términos originales, sí que desgajó de la Corona de España todos los territorios peninsulares situados entre el Ebro y los Pirineos, de modo que fueron directamente controlados desde París y no desde Madrid, a pesar incluso de las protestas de su hermano José, a quien él mismo había nombrado rey de España. El modelo administrativo que a resultas de ello fue aplicado en estos territorios recuerda mucho a lo que en la historiografía se ha denominado “gobiernos de transición”, ya experimentados en territorios como Saboya, Piamonte, Holanda o las Provincias Ilirias (costa este del Adriático). 

¿Por qué no prosperó el proyecto neofenicio?

En primera instancia, porque la marcha de la guerra en España aconsejaba mantener un territorio directamente controlado desde París para que hiciera las veces de cortafuegos. Y, ya después, porque Napoleón fue derrotado y todo volvió al estatu quo anterior.

¿Puede considerarse como una iniciativa nacionalista o prenacionalista?

Sin duda. Garat bebe directamente de las fuentes de la Revolución y su propuesta contiene todos los ingredientes del liberalismo y del nacionalismo moderno. Entiende a los vascos como una unidad cultural, remarcando la identidad más en la lengua y la cultura que en las instituciones y la historia (que también).

¿La alternativa Garat es historia?, ¿es ficción?

 Es historia novelada. Es historia real, sin ficción, pero contada de forma novelada. Tanto los hechos como los personajes y sus circunstancias son reales, fruto de un estudio bibliográfico y archivístico, pero, en aras a la divulgación, he utilizado técnicas de ficción para que pueda leerse como una novela.

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