Exitosa presentación de Xabier Irujo sobre las mentiras del bombardeo de Gernika

Xabier Irujo ha recogido las numerosas mentiras sobre el bombardeo de Gernika en el libro La verdad alternativa, publicada por la renovada editorial Txertoa. El autor ha necesitado más de diez años para escribir este libro, y hoy lo ha presentado en la Feria de Durango, junto con el editor Martin Anso, ante un público expectante.

Presentación de Martin Anso, editor de la editorial Txertoa. 

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Txertoa, argitaletxe historikoa, berrituta

elkar Fundazioa osatzen duen taldean, muinean, hiru jarduera daude, edizioa, banaketa eta liburu-dendak. Hasieratik jo zen hiru jarduerak hartuko zituen enpresa proiektua garatzera, eta hala egin da. 

Argitaletxearen eremuan euskarazko ekoizpena gizarteratzea zen helburu nagusia, eta horrekin batera baita euskal gaiak erdaraz argitaratzea ere, ohikoan erdaraz funtzionatzen duen jendea euskal kulturara hurbildu eta erakartzeko asmoz, erdaraz ere euskal gaiak balioan jartzea. Dudarik gabe, ez zegoen euskarazko eskaintza sortzea eta kaleratzea izan zen lehen helburu nagusia, baina hasieratik bertatik argitaratu izan ziren liburuak erdaraz ere. (Irakurri +)

Xabier Irujo: “Gernika es un ejemplo arquetípico de la manipulación de la verdad a manos del poder establecido”

Suele decirse que la verdad es la primera víctima de la guerra, pero quizá sería más acertado señalar que la mentira es consustancial al crimen. Y el crimen de Gernika está asociado a una de las mentiras más destacadas de la historia del siglo XX. El director del Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada, Xabier Irujo, nos conduce en su nuevo libro, La verdad alternativa – Treinta mentiras sobre el bombardeo de Gernika (Txertoa), a través del laberinto de la mentira. De la mentira de Gernika, sí, pero también de la mentira en general, porque este libro, como todo buen libro de historia, no solo sirve para que nos acerquemos a un acontecimiento del pasado, sino que hace inevitable que reflexionemos sobre un presente en el que los poderosos han pasado de mentir a reivindicar abiertamente “la verdad alternativa”.

¿Qué hace este libro especial? ¿Qué van a encontrar en él el lector o la lectora que no puedan encontrar en los numerosos libros sobre el bombardeo de Gernika que se han publicado hasta ahora?

Desde que en 1977 Herbert Southworth publicó su clásico sobre la negación del bombardeo de Gernika, no se había hecho un estudio a fondo sobre la literatura negacionista en torno a este trágico episodio histórico. Tras más de doce años recuperando documentos en más de cuarenta archivos, hoy es posible saber, por ejemplo, que la mentira fue una orden, una orden directa de Franco, quien estableció por decreto la propia madrugada del 27 de abril de 1937, es decir, apenas unas horas después del bombardeo, que se debía negar la autoría y difundir por todos los medios posibles que la villa foral había sido reducida a cenizas por los “rojos” en retirada. Al margen de esta gran mentira, la de la negación del bombardeo, el libro recoge las treinta mayores falsedades que se han ido difundiendo para sostenerla o para restar importancia al crimen. Con la particularidad de que muchas de estas falsedades se continúan repitiendo a día de hoy. (Irakurri +)

Begoña Pro Uriarteren “Bajo las cenizas de la Navarrería” – Adelanto

El 22 de julio de 1274 falleció el rey Enrique I de Navarra, apodado el Gordo. Su hija y heredera, Juana, tenía apenas dieciocho meses de edad. Castilla y Aragón movieron ficha enseguida para hacerse con la corona navarra. El reino se dividió entonces en dos bandos. Por un lado, los que se alinearon con los aragoneses, cuyo adalid fue Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante, que pretendían desposar a Juana con el heredero de Aragón. Y, por otro, los partidarios de estrechar lazos con los castellanos, a través de un matrimonio con el heredero de Castilla. Esta facción fue liderada por García Almoravid, señor de la Cuenca y de las Montañas. En una hábil jugada, Blanca d´Artois, la reina viuda, tras hacer jurar vasallaje a todos los nobles del reino, huyó con su hija a la corte francesa. Allí, su primo Felipe III el Atrevido las acogió. Sin contar con la nobleza navarra, en contra de lo que establecía la costumbre, Felipe III y Blanca decidieron comprometer a Juana con el segundo hijo del rey francés (futuro Felipe IV el Hermoso de Francia y I de Navarra). Poco después, Aragón se desentendió de la lucha, al tener que atender problemas internos, y desapareció de la escena. Pero la facción de García Almoravid, que tenía su propia guerra por la hegemonía dentro de Pamplona y que seguía contando con el respaldo castellano, no dio su brazo a torcer. Los intentos del gobernador Eustache Beaumarchais por pacificar el reino no solo no cuajaron, sino que terminaron provocando una sangrienta guerra civil que se dirimió en el verano de 1276 sobre la Navarrería, uno de los núcleos que constituían Pamplona, conocido como la Ciudad y enfrentado a la Población de San Nicolás y al Burgo de San Cernin. Poco antes de aquel verano, viendo que el asunto se le iba de las manos, Beaumarchais pidió ayuda a Felipe III y este envió a Robert d´Artois al mando de un ejército. Por su parte, García y el obispo de Pamplona solicitaron socorro a su aliado el rey castellano Alfonso X, y este mandó a sus tropas, que se acuartelaron en el monte de El Perdón. (Irakurri +)

Carlos Egia: “En cada una de nuestras familias hay al menos un Miguel”

carlos egiaCarlos Egia (Bilbao, 1967), autor bien curtido en el relato, publica ahora su primera novela, El sacrificio de los peces, en la colección Narrativa de la renovada editorial Txertoa. Es una historia ambientada en el Bilbao de la inmediata posguerra. El protagonista es un chaval, Miguel, cuya mirada adolescente hace que la novela, a pesar de la crudeza de las circunstancias que describe, esté envuelta en todo momento por un halo de ternura, salpicado a menudo con muy buenas dosis de humor.

¿Qué es El sacrificio de los peces?
Es el relato de las peripecias que Miguel, un niño atrapado junto a su abuela en el inhóspito Bilbao de 1939, tiene que vivir antes de poder reunirse de nuevo con su familia, desperdigada por la guerra. Esa es la misión que se ha marcado, pero no es la única, porque también tiene que conseguir una plaza en el sanatorio de Gorliz para Bego, su pequeña vecina enferma de tuberculosis. Esa es una tarea aparentemente imposible, pero Miguel tiene un as en la manga: Tomás, su amigo, protector y maestro en el arte de sobrevivir en las calles. (Irakurri +)

Adelanto del libro “Sacrificio de los peces” de Carlos Egia: “Los muelles”

El sacrificio de los pecesTomás era solo tres años mayor que yo, pero todos lo veían ya como un hombre. A mí, sin embargo, me seguían tratando como a un chiquillo y me ignoraban completamente cuando él estaba delante. Es lo mismo que hacía Eli. Actuaba como si no quisiera darse cuenta de que ya no era un niño, su niño, el que había traído a Bilbao cogido de la mano. Ya había crecido lo suficiente para no tener que estar vigilado todo el día y me cansaba de sentirla encima continuamente, como si fuera un tonto de cuna. Con o sin Tomás, yo era muy capaz de valerme por mí mismo. Todos los días, y delante de sus mismas narices, le enseñaba cómo podía arreglármelas en la calle, además de sacar adelante mis estudios, aunque, la verdad, esto último lo hiciera con más pena que gloria. Lo malo es que no conseguía hacérselo comprender. Supongo que ella, como todos, solo veía lo que quería ver.

Cada tarde, Tomás me esperaba a la salida del colegio, fumando un pitillo con filtro de los que vendíamos, apoyado con mucho estilo contra la pared del patio. Mis compañeros de clase escapaban de él como del demonio. Por algo estábamos en un colegio de curas. Parecían no fiarse de alguien que llevaba pantalones largos y zapatos de cordones.

En cuanto salía por la puerta del colegio, corría a su encuentro. Llegaba a su lado, girábamos en redondo y nos lanzábamos calle abajo por Zabalbide. Tomás, a buen ritmo y con paso decidido, una mano en el bolsillo y la otra siempre ocupada con su cigarrillo. Yo, revoloteando a su alrededor, de un lado a otro y de arriba abajo, soltando mil preguntas acerca de lo que había estado haciendo durante todo el día y mirando con el rabillo del ojo la tropa de curiosos, frailes y alumnos, que nos observaban desde el muro del colegio. (Irakurri +)