Javier Sierra: “La escritura tiene la facultad suprema de ayudarnos a pensar”

El exitoso escritor Javier Sierra (Teruel, 1971) tenía dos proyectos sobre la mesa cuando llegó la pandemia y sintió la necesidad de escribir sobre lo que estaba sucediendo. “En tiempos exigentes la novela debe ayudarnos a ordenar las ideas y proveernos de esperanza suficiente para afrontar los retos que se nos vienen encima”, asegura. De esa pulsión surge El mensaje de Pandora, una novela que bebe de los clásicos, publicada por Planeta.

La novela es una larga carta.
Sí, la dirige una tía a su sobrina de dieciocho años, y en ella le transmite una serie de descubrimientos que ha hecho sobre la última pandemia planetaria y su origen. La carta contiene recuerdos de viajes, dibujos y esquemas que descubren a la joven que lo que tiene entre manos es una especie de manual para alcanzar el futuro. El hallazgo la alcanza como un relámpago.

¿Cuál es para usted la misión de la escritura?
La escritura fue inventada hace por lo menos cuatro mil años para, en primer lugar, preservar la memoria. Pero también para poner orden al caos de la vida y darnos la falsa sensación de que podemos llegar a entenderla y dominarla. Cada autor hace de esa herramienta un uso diferente, y está en su derecho de hacerlo. Pero, para mí, la escritura tiene la facultad suprema de ayudarnos
a pensar, al tiempo que con ella creamos el mundo en el que vivimos. Creo que hay que ser muy cuidadoso con lo que uno escribe, porque con la palabra se están sincronizando las mentes de quienes la leen, orientándolas hacia el bien… o no.

«Nadie mira atrás para decidir qué camino tomar. Y es un error.» Por eso, supongo, este libro mira hacia atrás y bebe, incluso, de la mitología griega.
¡Exacto! Es imposible no asombrarse al examinar los clásicos. Con mucha menos información que nosotros, pero con una capacidad de observación encomiable, construyeron mitos en los que disfrazaron auténticas teorías científicas. Por ejemplo, la idea de que la vida llegó a la Tierra desde las profundidades del espacio –lo que los modernos astrobiólogos llaman «panspermia»– ya estaba dibujada en textos griegos y egipcios. Estos últimos, por ejemplo, hablaban de que la vida fue traída hasta el Nilo a bordo de una piedra sagrada caída del cielo, llamada Benben. La veneraron durante siglos en la antigua ciudad de Heliópolis, y hoy creemos que fue un meteorito de hierro no muy diferente a la Piedra Negra que los musulmanes todavía veneran en La Meca, y que creen que es una roca del Paraíso. El lugar donde nació la vida, claro. ¿No le parece curioso?

Hay mucho que revisar porque las pandemias víricas nacieron con la invención de la agricultura y la ganadería hace 10.000 años…
Durante la crisis de la COVID-19 hemos aprendido que los coronavirus son patógenos zoonóticos, esto es, organismos que saltan del reino animal al humano y se expanden con virulencia. Esas transferencias empezaron en el Neolítico, cuando nuestra especie empezó a convivir con los animales que domesticaron y a organizarse en comunidades cada vez más grandes. Su irrupción diezmó a esas tribus antiguas, pero a la vez las forzó a evolucionar y a prepararse para la siguiente plaga. Y así crecimos y evolucionamos a lo largo de miles de años…
Sí. De algún modo, la enfermedad nos ha ayudado a levantar nuestra civilización.

Juega usted con la hipótesis, sorprendente, de que estos virus pudieron haber llegado –y siguen haciéndolo– desde el espacio exterior.
La idea no es mía. La defendieron mentes del siglo xx tan brillantes como Francis Crick –Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de la doble hélice del ADN– o el astrónomo británico sir Fred Hoyle. Según ellos, meteoritos y cometas transportan en su interior patógenos que infectan continuamente nuestra atmósfera. Piénselo. Cada día, 100.000 kilos de ese polvo cósmico entran en nuestra atmósfera. En la remota prehistoria de este planeta esa «lluvia» pudo ayudar a desencadenar las primeras formas de vida… Pero hoy pueden traernos también patógenos que dan lugar a enfermedades que, a veces, nos afectan. Desde ese punto de vista, estoy seguro de que en el futuro no solo vacunaremos individuos, sino también nuestra atmósfera. Al tiempo.

La mal llamada gripe española levantó los modernos sistemas de sanidad universal. ¿Cree que está pandemia nos dejará algo bueno?
Ya lo ha hecho. De entrada, ha obligado a los gobiernos de todo el planeta a poner en marcha programas de ayuda económicos y sanitarios para los más desfavorecidos –que lo eran ya mucho antes de la pandemia–. También nos ha ayudado a descubrir el enorme potencial de las nuevas tecnologías en ámbitos tan dispares como el trabajo, la enseñanza o la comunicación personal. Y
confío en que nos traerá una generación de escritores que reflexionarán mucho mejor sobre la sociedad que construirá nuestro futuro antes de la siguiente crisis sanitaria global. Que llegará, claro.

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