Joël Dicker: “Suiza no es un país tan bucólico como uno podría pensar”

Joël Dicker ha dedicado El enigma de la habitación 622  a Bernard de Fallois, su “editor, amigo y maestro”. El lector descubrirá a Fallois en las páginas del libro, y también se topará con esa adictiva sensación de anhelo cuyo único propósito es saber lo que ocurrirá después. En el relato conviven el crimen, el amor, la codicia, la envidia, los buenos principios, y también la pasión por la literatura. 

Ha escrito su novela más personal. Localizada en Ginebra, su ciudad natal, ha vertido en sus páginas dosis generosas de su existencia más cercana. ¿Diría que se encuentra en un momento crucial de su carrera?

Me gustaba la idea de que el lector no supiera dónde estaba la línea entre verdad y ficción, que pudiera meterse en la mente de un escritor y formar parte de ese juego de espejos entre lo auténtico y lo imaginado. Sin ánimo de decepcionar, a pesar de llamarme como el protagonista y de que ambos seamos escritores, no soy yo. Es un personaje de ficción como el resto, una proyección de lo que significa ser escritor para mí.

El libro también es un precioso homenaje a su editor Bernard de Fallois, una forma de presentarlo a sus lectores. Un libro que él no ha leído y que habla sobre él. ¿Tenía claro que lo iba a incluir en el relato?

No suelo planear nada antes de escribir mis novelas, prefiero ir sobre la marcha; en este caso, solo tenía claro que el libro sería un homenaje a quien fue un hombre muy importante para mí, le debo toda mi carrera literaria.

¿Qué le atrajo del mundo de la banca como contexto para su historia?

No me considero un experto en la banca suiza ni mucho menos, pero me parecía un telón de fondo interesante —y casi imprescindible— si quería que la acción pasara en Ginebra. Además, es la mezcla perfecta entre pasión y dinero; o la pasión por el dinero, según lo quiera uno ver.

La Suiza que describe no es el país tranquilo que imaginamos los foráneos. ¿Ha exagerado mucho?

Siento que la gente tiene una concepción de Suiza que descuida muchos otros matices. En primer lugar, no es un país tan bucólico como uno podría pensar; Ginebra hierve de actividad, es una ciudad moderna y muy cosmopolita. Me parecía importante reivindicar y defender que es un país que puede ofrecer más que montañas verdes y balnearios.

La ambición, la traición, el amor y la soledad pululan por las páginas de El enigma de la habitación 622. ¿Diría que son sus grandes temas?

Más bien diría que son los temas del mundo que nos rodea, lo que hoy en día preocupa a la mayoría de las personas. Son temas que nos interesan a todos, un reflejo de la sociedad.

Estos últimos meses nos han demostrado que, efectivamente, la realidad supera a menudo a la ficción. ¿Es de los que cree que esta crisis nos hará mejores personas?

Espero que sí, pero nunca se sabe. Creo que nos ha servido para valorar lo que tenemos (y lo que no), nos ha dado tiempo para pensar en cosas que normalmente no teníamos tiempo de pensar. Nos ha demostrado que no somos indestructibles y que las distopías pueden volverse reales.

Usted ha insistido a menudo en que es hijo de librera, y en la novela dedica un lugar especial a los libreros. ¿Qué papel han jugado en su vida?

Es una profesión maravillosa y siempre que puedo la defiendo y la enaltezco. Los libreros le abren a uno, a través de sus recomendaciones, todo un mundo de descubrimientos que por sí solo le resultarían inexplorables. Para mí, como para cualquier lector ávido, los libreros ocupan un lugar muy especial.

También ha dicho que el título se ha inspirado en las 622 conquistas de El amor en los tiempos de cólera de García Márquez. ¿Qué autores le inspiran? ¿Cuáles son sus lecturas predilectas?

En el género del suspense, me declaro un fan incondicional de Agatha Christie. Sus libros son perfectos: el desarrollo, el final, el suspense. Es una enorme inspiración. García Márquez también es un referente, y me gustaba la idea de introducir un guiño a ese libro suyo, cuya lectura ha hecho las delicias de muchos en estos tiempos de pandemia.

¿Qué le mueve a escribir? Y ¿qué es para usted lo más satisfactorio de su dedicación?

Escribir es una adicción placentera, un vicio que rige mi vida y que me encanta. No me veo haciendo otra cosa, me siento muy afortunado de poder consagrarme a ello. Escribo lo que me gustaría leer y supone una alegría inmensa constatar que a mis lectores les gusta lo que hago. Poco más puedo pedir.

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