La cubierta, el magnetismo visual del libro

¿Quién no se ha sentido alguna vez atraído por la cubierta de un libro? Con frecuencia, reparar en ella constituye nuestro primer contacto con una publicación. Si esa primera impresión es positiva, puede despertar nuestra curiosidad y actuar como catalizador en el proceso de toma de decisiones que nos conduce a escoger una lectura de entre todas aquellas disponibles en librerías y bibliotecas. A través de la cubierta, un libro nos habla de sí mismo y de su contenido, en un mensaje donde suelen combinarse texto e imagen. Presenta los datos principales que hacen posible su identificación, como son el título, el nombre del autor o la editorial. Pero también puede anunciar aquello que el lector encontrará en el interior del volumen a medida que avance por sus páginas. Además, es aconsejable que atraiga las miradas y que cautive a quien la observa, favoreciendo así la adquisición del libro.

La labor de configurar la cubierta recae en los profesionales del diseño gráfico y la ilustración. Dependiendo del encargo, el diseñador puede gozar de un mayor o menor grado de libertad a la hora de comunicar su propia interpretación del libro. De hecho, esa aproximación al contenido textual se irá conformando al paso que progresa en el proceso creativo, descartando bocetos e ideas, teniendo presentes las opiniones de la editorial y del autor, hasta formalizar la que será la cubierta definitiva. Como va dicho, es importante que la cubierta desempeñe una función persuasiva. En consecuencia, los diseñadores se ven obligados a aguzar el ingenio. Poner en marcha su creatividad les permitirá plantear soluciones que destaquen por su originalidad y que, en el mejor de los casos, resulten irresistibles.

Si los libros tratan de captar nuestra atención, no es de extrañar que en ocasiones nos devuelvan la mirada. Así sucede con el uso constante que Peter Mendelsund hace de la imagen del ojo en la colección de títulos de Franz Kafka publicados por Penguin Random House. En sus Diarios, cada pupila es sustituida por el ojo de una cerradura de tal forma que la cubierta sugiere su condición de puerta de entrada al libro.

En su diseño para la Odisea de Homero, publicada por Alianza Editorial, Manuel Estrada resume de manera inteligente el periplo del héroe protagonista, una navegación circular de ida y vuelta subrayada por la letra “o” sobre la que descansa un diminuto barco griego. Además de la ilustración, la letra, al ser una forma visual, transmite significados vinculados con el campo de la imagen.

El color es otro componente importante que puede apelar a nuestras emociones. Un claro ejemplo se halla en las sobrecubiertas de la diseñadora Coralie Bickford-Smith para la colección de títulos de F. Scott Fitzgerald, publicada por Penguin. Cada libro se muestra engalanado con motivos de inspiración Art Déco de colores metálicos. Con semejante presentación, ¿quién no se siente transportado a las lujosas fiestas del Gran Gatsby?

Junto con figuras de la talla de Chip Kidd, David Pearson o Barbara DeWilde, los profesionales citados forman parte de la nómina de diseñadores apreciados a nivel internacional. No obstante, en la literatura vasca también encontramos cubiertas interesantes cuyos autores son dignos de mención. El ilustrador Antton Olariaga ha puesto cara a infinidad de títulos de editoriales como Erein o Alberdania, dando buena muestra de su versatilidad técnica a lo largo de su dilatada trayectoria. En su producción caben diversos grados de complejidad además de la variedad en los procedimientos gráficos empleados. En Zoaz infernura, laztana, de Anjel Lertxundi, opta por la síntesis. La representación esquemática de un vestido se superpone al título en una composición de formas rotundas y colores planos que resulta impactante.

Por su parte, el tándem formado por el diseñador Borja Goitia y el fotógrafo Juantxo Egaña firma cubiertas conceptualmente sugestivas, como la que ofrece la novela Lagun izoztua de Joseba Sarrionandia, publicada por Elkar. En esta casa, profesionales como Juanma Aramendi o Unai Arana también se hallan tras diseños notables. Podemos destacar la ilustración de Londres kartoizkoa da, novela escrita por Unai Iturriaga, o la concurrida cubierta del libro de Ana Malagon titulado Gelditu zaitezte gurekin.

Por otro lado, el polifacético Lander Garro plantea propuestas interesantes mediante la fotografía, como se advierte en Euli-giro de Uxue Alberdi. Bajo amenazantes nubarrones y frente a un maizal, una mujer oculta su rostro en un ambiente particularmente misterioso que sirve de preámbulo visual a esta obra publicada por Susa. Una diseñadora que habitualmente colabora con esta
compañía es Oihana Leunda. En su cubierta para Saizarbitoria eta iragana, libro de Markos Zapiain, descompone un retrato femenino en triángulos de colores, dando lugar a una multiplicación caleidoscópica llamativa.

Para finalizar, es importante recalcar y reconocer la labor de mediación que estos y otros diseñadores hacen entre el libro y su potencial lector, condensando la esencia de un libro en una sola pieza gráfica. Son responsables de que los lectores sintamos una especial conexión con los libros gracias a la cubierta. En un primer paso, contribuyen a que la literatura nos entre por los ojos para dejar que nosotros, los lectores, demos el siguiente paso y decidamos adentrarnos en ella.

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