Propuesta literaria de Agurtzane Intxaurraga

“En invierno vivía como un topo, enterrada en las profundidades de su despacho”. Es la primera frase de Oso, un libro lleno de luz, que merece ser recomendado. “La imagen de la buena vida que había grabado en su alma era muy distinta de la que tenía. Sus ropas olían a naftalina. Por eso el día que se marchó hacia la isla empezó ya a sentirse libre”.

Quizá porque Oso llegó a mi mesa en un momento en el que el trabajo y las responsabilidades familiares me estaban ahogando. Quizá porque era verano y no tenía tiempo de sentirlo. Quizá porque me gustan las historias humanas, quizá porque la protagonista es mujer. Por muchos quizás, Oso me regaló luz, me regaló naturaleza, me regaló poética y un montón de reflexiones sobre la vida. Me regaló una historia tan delicada como sólida.

Fue una compañera de trabajo la que de casualidad dejo su libro junto a mi mesa. Ya la portada me llamó la atención: una mujer, un oso, colores cálidos. -Si quieres te lo dejo-, me dijo. -¿De qué va?- , -Mejor lo lees y opinas tú misma.- Es extraño-, es lo único que me dijo.

Oso habla de Lou, una mujer que se siente topo viviendo en la oscuridad de su alma, y que un día recibe el encargo de hacer un inventario de una mansión situada en una remota isla canadiense donde no vive nadie, tan sólo un viejo oso atado con una gran cadena.

Lou ansía volver a nacer. Está dispuesta a disfrutar de esa oportunidad que la vida le ha ofrecido, escuchándose a sí misma, mimetizándose con la naturaleza que habita la isla, entablando una amistad con un oso hasta límites insospechados. Pero lo hace de una manera tan consciente y natural, que, de verdad, nada resulta extraño. Maria Engel, su autora, merece toda mi admiración. Se publicó por primera vez en 1976, y más tarde en 2015, de la mano de Impedimenta. Literatura en mayúsculas.

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