Grandes puertos de la vuelta

Difícilmente se puede tener una vida más o menos plena si no se viaja y si no se lee, y Grandes Puertos de la Vuelta, Itzulia, Volta a Catalunya y otras pruebas de prestigio es una firme y categórica invitación a ello. Porque difícilmente se puede disfrutar de la plenitud del paisaje y de la exigencia propia de una escalada si no nos lanzamos a su conquista y, superado este escollo, nada baladí, si no nos paramos a analizar los matices, las cifras, los detalles técnicos y físicos de un determinado puerto o si no se conocen las gestas deportivas de las que él ha sido testigo y protagonista a su paso. A la vez, todo puerto, como toda montaña, posee un bagaje aparte, una intrahistoria que en muchas ocasiones resultará, si cabe, más apasionante, bella e inspiradora que la propia que podemos conocer gracias al ciclismo y a las carreras ciclistas, epopeyas que se suman al derroche de clase que sobre las carreteras han desplegado los esforzados de la ruta, los ilustres y célebres protagonistas del que muchos creemos que siempre ha sido y sigue siendo el deporte más épico sobre la Tierra.

Historias, aventuras, viajes, paisajes, naturaleza y exploración de lo desconocido. Esta es la filosofía de este libro, acompañado de un espíritu tremendamente deportivo, contra el que no cabrá confinamiento perimetral posible, pues este es tanto un libro para viajar en persona como para hacerlo en cualquier momento desde cualquier rincón de nuestra casa. Con solo abrirlo –y a poco que nos dejemos llevar y embrujar por la magia de sus fotografías y de sus relatos–, tan pronto estaremos divisando el océano Atlántico desde el Monte Pindo en la cúspide del Mirador de Ézaro gallego, que se alza cual atalaya pétrea sobre los confines de la Tierra; como nos alzaremos sobre la Alpujarra y el mar Mediterráneo en el Pico Veleta –a la apabullante altitud de 3.396 metros–, en la que es la cumbre de la red de carreteras de Europa. Tan pronto ascenderemos al oasis montañoso que se alza justo en el centro de la Península Ibérica y que divide el territorio en dos casi infinitas mesetas; como descubriremos lo escarpada y vertical que puede ser también para los ciclistas la vertiente sur de la cadena montañosa de los Pirineos por Catalunya o Aragón. Los magnos gigantes asturianos –que haberlos haylos, y qué deleite para los sentidos– dejarán paso a los insignes puertos cántabros, para hacerlo estos a continuación a las leyendas ciclistas de Euskal Herria; carreteras y montañas que con el devenir de los tiempos se han erigido en auténticos monumentos de tierra y roca y que cualquier aficionado al ciclismo deberá conocer antes o después in situ o a de la mano –y de las páginas– de este libro, el cual nos llevará a escrutar y organizar la legendaria historia que atesoran.

 47 ascensos a 36 cumbres distintas con el tremendamente bello añadido de ir un poco más allá para viajar a los archipiélagos balear y canario. Vergeles de extraordinaria riqueza, naturaleza incomparable en estado de apogeo, ejemplos ambos de cuán bella puede llegar a resultar nuestra práctica deportiva y de lo excelsos que pueden llegar a ser los retos que podemos afrontar sobre nuestra bicicleta.

 

 

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