Fragmento de “Recuerdos de marzo”, novela de Juan Ibarrondo sobre los sucesos acaecidos en Vitoria el 3 de marzo de 1976

Ana contempla por la pantalla del televisor las imágenes que el telediario da sobre los sucesos de Vitoria. El rostro le muda de preocupación a enfado por lo que está oyendo. Según afirma el busto parlante, un destacamento policial ha sido atacado en la parroquia de un barrio de Vitoria. La policía, para defenderse, ha tenido que utilizar las armas y, según parece, se han producido varios heridos de bala.

–Según algunas fuentes, podría haberse producido algún fallecimiento, aunque este extremo está todavía sin confirmar por fuentes oficiales dice el presentador en tono aséptico.

Ana se levanta y va al teléfono. Llama, suena la señal pero nadie responde. Cuelga bruscamente, con desesperación. Sintoniza la emisora donde trabaja su marido. Escucha la nota que José Luis ha redactado:

–Los trabajadores de Radio Álava, ante la gravedad de los acontecimientos que están sucediendo en Vitoria a lo largo del día, hemos decidido suspender las emisiones habituales y emitir solo música clásica.

Mientras escucha, se viste a toda prisa para salir. Su mirada se detiene en una foto de la primera comunión de Begoña, colocada junto a la radio.

Mientras tanto, en el interior de la iglesia de San Francisco, Rufino pide ayuda, enarbolando un pañuelo blanco en la mano a modo de señal.

Se escucha un disparo de pistola y el obrero cae a plomo.

Begoña, sin pensarlo –impulsiva– sale a auxiliar a su compañero, que, herido, trata de arrastrarse hacia el interior de la iglesia. Llega hasta donde está caído, se agacha y tira de él con esfuerzo para meterlo de nuevo a la iglesia.

José Luis ve entre el humo a su hija, que está agachada auxiliando a Rufino. Ve también que un “gris” se acerca hacia ellos con una pistola en la mano apuntándoles. Corre hacia allí gritando, mientras sortea cuerpos ensangrentados que gimen o gritan de dolor.

¡¡Bego, Bego!! grita desgarrado, tratando de que le oiga su hija.

Un uniformado se interpone en su carrera y le propina un culatazo en la cara. José Luis pierde el conocimiento y cae redondo sobre la calzada.

En la redacción de Radio Álava, Aurora sigue escuchando la radio policial. La emisora está llena de humo. Ella y el técnico no paran de fumar. Por la ventana, ven pasar a grupos de obreros que destrozan todo a su paso: farolas, cabinas telefónicas, bancos… La rabia desborda las calles. No hay rastro de la policía.

–Aquí ha habido una masacre. Cambio.

–De acuerdo, de acuerdo. Cambio.

–Oye, pero de verdad una masacre. Cambio.

–Hemos contribuido a la mayor paliza de la historia. Cambio.

–De acuerdo. Buen servicio. (Trascripción real de la emisora policial)

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