Inma Roiz: “Manuela es la mejor representación de un siglo tan transformador y convulso como lo fue el XVIII”

ManuelaInma RoizLa periodista y antropóloga Inma Roiz ha publicado el libro Manuela. Una novela rica en matices, cuenta una historia en gran medida verdadera. La obra camina por sí sola a través de la vida cotidiana de sus personajes a ambos lados del Atlántico. Un relato costumbrista que ofrece, con detalle, el perfil de una sociedad que se transforma.

¿Quién es Manuela?

Manuela es la mejor representación de un siglo tan transformador y convulso como lo fue el XVIII. Refleja con detalle nuestra sociedad en aquella época, ella representa la tierra, la fuerza del nombre, las costumbres y las tradiciones; pero también es flexible e innovadora, es independiente y firme, es la primera mujer con aparcerías en propiedad de Gordexola, y probablemente de todo Enkarterri y Ayala.

La novela cuenta, a través del desarrollo vital de Manuela, desde que es una niña hasta su edad adulta, la historia de las familias que pueblan estos valles. Ella es el hilo conductor de una trama que habla de rencillas, pasiones, pleitos y herencias que determinan el futuro de sus pobladores. Y también es la hermana querida de Domingo Narciso, el joven Allende emigrado a la Nueva España. La vida de ambos, radicalmente distinta, discurre paralela y entrelazada en estas páginas.

 ¿Cuándo y por qué comienzas a escribir esta novela?

Siempre había querido escribir una novela, y aunque había tenido mis intentos nunca habían cuajado del todo. Esta historia, que en un principio iba a ser una investigación, se me desveló de pronto como la posible novela que estaba buscando. Comencé a escribirla en 2009.

Muchos de los personajes que pueblan Manuela existieron. Sin embargo, la trama literaria que recreas en su mayor parte es pura ficción. ¿Cómo ha sido el proceso de inventar todo un mundo a partir de un árbol genealógico?

Los datos biográficos son importantes en cuanto a que te sitúan en un tiempo y lugar, pero la ambientación, la trama y la psicología de los personajes es un trabajo de construcción constante. Algunos van cobrando vida según los vas descubriendo y utilizando en beneficio del argumento; otros son buscados e imaginados, como los bandoleros y contrabandistas, o maestros canteros que me ayudan a construir la Iglesia de Okondo.

Al mismo tiempo que interiorizaba cada dato, conocía a las familias en sus diferentes generaciones, las iba situando en un espacio físico, económico y social que me permitiera abrir todo el abanico de posibilidades a aquella sociedad. Me ayudó mucho conocer estos valles desde siempre, saber qué significa pertenecer y ser parte de este entorno, de este paisaje, para construir su mundo.

 ¿Qué documentación has manejado?

Los Archivos Históricos, la documentación testamentaria, los pleitos, los libros de bautismo y defunción han sido primordiales, y en ellos el trabajo de investigación realizado por la antropóloga Charo Lanzagorta ha tenido unos frutos inmejorables. Me adentré en estas fuentes de información, aprendí a buscar, discriminar, leer y encontrar los datos relevantes para la historia; he bebido de innumerables lecturas, libros de historia, investigación sobre bandoleros, barcos,…; y fundamentalmente un viaje a San Miguel de Allende donde me encontré con la tierra de mis personajes mexicanos, sus espacios, sus casas y hasta sus partidas de matrimonio, defunción… En el archivo parroquial de San Miguel, donde pasé días revisando los libros eclesiásticos, descubrí que el árbol genealógico de Aldama había estado equivocado desde el principio. A mi regreso tuve que cambiar toda su historia.

En México se conserva todo con mucho celo, porque para ellos, para los mexicanos, Allende, Aldama y Abasolo son héroes nacionales. Hoy la casa que construyó Domingo Narciso, el hermano de Manuela, y que en la novela se recrea, es el Museo Allende y todo San Miguel es un reconocimiento a la lucha por la Independencia de México.

Un universo tan masculino y, sin embargo, la protagonista principal es una mujer, Manuela. ¿Por qué?

Manuela niña va descubriendo el mundo más cercano, el que tiene más a mano, el femenino, siempre con la mirada puesta en el otro lado del océano, donde su hermano va forjando una vida paralela a la de ella pero totalmente distinta. La relación entre ambos es una de las cosas que más me gusta, y eso nace en el primer capítulo de la novela. A partir de ahí la historia biográfica de su vida es muy rica en cuanto a sucesos y tramas. Si a eso le sumas la posibilidad de que Manuela adulta no fuera una mujer al uso, sino alguien con autonomía y decisión que en cuestiones fundamentales trataba de igualarse a un hombre, el personaje es ideal. Resulta muy atractiva en todos los sentidos, abarca los espacios más íntimos y profundos, a la vez que toca los espacios públicos, los reservados a la figura masculina.

 ¿Estamos ante una novela coral?

Sí, sin duda. No hay un personaje principal único. Las voces son diversas, y las tramas varias, tantas como familias, construcciones, sueños y viajes se desarrollan a lo largo de estas seiscientas páginas. Además es una historia con dos mundos o sociedades muy dispares, la que se desarrolla en los valles vascos, con un entresijo de historias cruzadas, como los caminos que surcan las montañas, de un valle a otro, de una familia a otra; y la historia americana, la que viven los emigrados, en un mundo radicalmente opuesto, donde aparecen conspiraciones, intereses, pasiones inconvenientes y un futuro nuevo.

 Junto a los protagonistas de carne y hueso, dos escenarios igual de importantes: México y Bizkaia. ¿Qué supuso la Nueva España en la Bizkaia del siglo XVIII?

La Nueva España era la oportunidad para los hijos que no heredaban. El arraigado sistema de patrimonio indiviso de nuestros caseríos obligaba al resto de los hijos varones a optar por la Iglesia, el ejército o las Américas. Fueron muchos, muchísimos los jóvenes que emigraron, y lo hacían siguiendo una red de relaciones muy bien establecidas. En Guanajuato, en concreto en San Miguel, se asentaron la mayoría de los que salieron de Okondo y Gordexola aquel siglo. Esto suponía, además de una salida de vida para alguno de los hijos, remesas de dinero para los caseríos, cada vez menos fuertes, más vulnerables y diezmados.

 De todo el proceso de investigación y de todos los documentos estudiados, ¿qué es lo que más te ha llamado la atención?

Quizá conocer Guanajuato y la historia de México, así como el valor que para los mexicanos de hoy tienen aquellos criollos, hijos de vascos, que lucharon por la independencia de su tierra. Por otro lado, también me ha llamado la atención comprobar que los procesos migratorios no son tan distintos, al menos en sus fundamentos: antes como ahora la motivación principal es la económica, se establecen redes muy férreas en torno a la población inmigrante y las remesas cumplen una función fundamental en el país de origen.

La vida de los caseríos, las relaciones familiares están narradas con detalle y riqueza. ¿Qué ha supuesto para ti retrotraerte tanto en el tiempo? ¿Ha sido fácil?

No diría fácil, pero sí un reto enriquecedor, un aprendizaje. Siempre me he sentido muy ligada y muy conectada con el mundo del que procedo, mi valle, Okondo, la tierra y el caserío. Pero uno no se imagina enseguida cómo debió de ser aquel tiempo. Poco a poco vas descubriendo la dureza de la vida de entonces, de una climatología muy cruda, una economía de subsistencia muy rudimentaria, costumbres muy arraigadas y casi total falta de libertad. En cambio, al otro lado del océano aparece una sociedad llena de color, de luz, de sol…; he jugado un poco con esa imagen de negativo y positivo.

En la novela, tan importante como lo que se narra es el lenguaje que utiliza. Un lenguaje literario rico y con un ritmo pausado, que zambulle al lector en aquella forma de vida. ¿Todo esto es premeditado, consciente?

En mi caso diría que hasta que no encontré el tono, la voz con la que contar esta historia, no empecé a escribir realmente la novela. Necesitas dar con un lenguaje, un ritmo que sea fiel a la historia que tienes en la cabeza, a los personajes. En ese sentido, sí, es premeditado y consciente. Luego, al tratarse de una novela histórica, la forma de decir, los términos, pueden resultar muy chirriantes si no respetan el contexto y el tiempo en el que transcurre la trama. Eso te obliga a estar muy alerta.

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