Paul Auster: “No creo en el destino, lo que determina nuestra vida y nuestra muerte es el azar”

De gira por Europa, el escritor norteamericano Paul Auster recaló en Bilbao para presentar ante 500 personas reunidas en Azkuna Zentroa su nueva novela, 4 3 2 1 (Seix Barral), que llega siete años después de la anterior, Sunset Park (Anagrama).

Entre ambas obras, ha publicado dos libros de memorias: Diario de invierno e Informe del interior, también en Anagrama. Recordando y escribiendo estos volúmenes, el autor neoyorkino no dejaba de preguntarse qué hubiera ocurrido si cualquiera de las circunstancias que determinaron su trayectoria vital hubieran sido otras. Y este es el germen de  4 3 2 1, una novela que narra la primera parte de la vida de un personaje, Archie Ferguson, pero en cuatro versiones diferentes. “Yo no creo en el destino, me parece algo místico. Los griegos decían que no puedes juzgar la vida de una persona hasta que se acaba y es verdad, ocurren muchas cosas ajenas a nuestro control. El azar, la suerte, determinan la vida y la muerte”, explicó Auster.

Como su autor, los cuatro Ferguson del libro nacen en Newark, Nueva Jersey, en 1947, en el seno de una familia judía. Comparten un mismo punto de partida, pero toman caminos diferentes que les llevan a convertirse, respectivamente, en un periodista con conciencia social, un joven bohemio en Nueva York, un niño prodigio que muere prematuramente y un escritor en busca de su gran obra. “Los cuatro se parecen a mí porque comparten mi tiempo y mi geografía, pero no es un libro autobiográfico. Ellos son muy precoces, mucho más de lo que fui yo -señaló el autor-. Los quiero a todos, pero no soy yo. Ser escritor consiste en explorar la naturaleza y el comportamiento humano. No hay que juzgar, sólo ser testigo de sus comportamientos”.

Auster ha pasado tres años escribiendo esta novela de casi 1.000 páginas. Su método, desveló, consiste en ir párrafo a párrafo. “Primero escribo en el cuaderno. Unos días después, lo corrijo y lo paso a máquina. Cuando estoy satisfecho vuelvo a mi cuaderno y escribo el siguiente párrafo”.  La improvisación guía su proceso creativo. “En este libro, hasta no llevar las dos terceras partes, no caí en la cuenta de hacia dónde quería ir. Para escribir, uno tiene que estar relajado, abierto y dispuesto a viajar a lugares dolorosos. Esa es la aventura. No me gusta planificar nada. Escucho la música de la prosa y eso es lo que me guía. Si supiera de antemano a dónde ir, no sería tan divertido”.

El autor de la Trilogía de Nueva York, eterno candidato al Nobel, no siempre ha sido una estrella. “Hace 35 años escribí un libro que fue rechazado por todas las editoriales. Aquellos fracasos me hicieron darme cuenta de que yo no escribía para publicar sino por necesidad vital. También aprendí a no caer en la complacencia y por eso no escucho todas esas cosas buenas que dicen de mí”.

 

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