Crímenes truculentos en el País Vasco – El crimen de Beizama

Durante más de un mes se mantuvo el interés por este crimen por medio de la prensa. El cronista de La Voz de Guipúzcoa adoptó a veces aires de melodrama, se insinuó alguna que otra vez por los caminos de Balzac, tampoco dejó de tentar la suerte por el género que tan famosos les hiciera a Sir Arthur Conan Doyle y a Georges Simenon.

Quizás sea que también en esto del crimen se haya adelantado mucho, pero visto desde la distancia, tampoco parece que el crimen de Beizama, el famoso crimen que tanto dio que hablar, fuera para tanto. ¿Acaso es que no había mejor cosa que contar y al sobrevenir este suceso el cronista lo aprovechó hasta las hondarras?

¿O es que la afición de la gente, en aquel entonces, se dirigía más hacia estas truculencias o se tenía menos pudor por mostrar interés hacia el morbo de los crímenes? Lo cierto es que, en la Historia del Crimen en el País Vasco, el de Beizama ocupa el lugar más brillante, el de fulgores más siniestros, por mucho que hace unos pocos años en la calle Carquizano de la capital donostiarra se hubiera querido desposeerle de esa hegemonía, o también algunos años antes, en Tolosa, otro crimen singular y misterioso (y que todavía permanecen en el misterio ambos) le hubiese disputado el derecho a figurar, en primer lugar, en la literatura basada en la realidad.

Al margen de especulaciones más o menos fútiles, digamos ya de una vez que el domingo día 14 de noviembre de 1926 se descubría en el caserío Corosagasti de Beizama el crimen realizado en la persona de dos mujeres, madre e hija, Bibiana Ocáriz y María Juana Odriozola, y el descubrimiento lo realizaba la hija y hermana de ellas, Jacinta Odriozola, a la sazón sirvienta en un bar de Tolosa.

De «horrendo y misterioso» califica, el ya antes aludido cronista de La Voz de Guipúzcoa, este crimen de Beizama, y estos dos adjetivos campean como titular, mientras que, en la entradilla a su reportaje nos comunica que «en este país ocurren, por fortuna, pocos sucesos de esta índole pero en los contados casos en que acaecen están rodeados de macabros detalles de horror y de misterio».

Sobre el descubrimiento del crimen, dicho cronista nos da esta versión:
«Cuando, procedente de Tolosa, se dirigía al caserío, a pasar en él unos días Jacinta Odriozola, que servía en una casa de la antigua capital foral, se extrañó de hallar la puerta entreabierta. Serían aproximadamente las once de la mañana. Al penetrar en el interior quedó horrorizada, al ver desplomada e inanimada, en la escalera, a su hermana María Juana, en medio de un gran charco de sangre.

»Aterrada, comenzó a pedir auxilio, dando gritos, llamando a su madre. Como no tuviese contestación se dispuso a marchar a un caserío distante media hora de Corosagasti, siendo, a pesar de ello, el más cercano de cuantos existen en los contornos.

»Pero poco después quedó sobrecogida al ver el cadáver de su madre, Bibiana Ocáriz, tumbada en un camino.

Entonces, marchó a un caserío llamado Chapartegui donde dio cuenta del macabro hallazgo que había tenido.

El capítulo entero El crimen de Beizama en .pdf

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